lunes, 19 de enero de 2015

Cuando la igualdad de género degenera

“Estudia, se una mujer independiente”, me decía mi madre desde pequeña, dándome en sus palabras la llave de la libertad que las mujeres de su época no tuvieron a su alcance. Ha llovido desde entonces pero reconozco que esperaba más de ese futuro ya presente. Vivimos en una sociedad hipócrita que intenta poner la tilde donde no va el acento, los problemas se solucionan con hechos y no a base de gramática. ¿Que a qué me refiero?, pues a una tendencia que me enferma: miembras, jóvenas, médicas, etc., ¿realmente creen que con la alternancia –o/-a o con la aberración del uso de la @ como marca de género se soluciona el problema de la desigualdad? ¿Alguien ha oído hablar alguna vez de taxistos, lingüistos o futbolistos? No veo a ningún hombre rasgándose las vestiduras por el uso de los morfemas. En el mismo saco está esa manía de reiterar en un texto los dichosos morfemitas, haciendo interminable, e insufrible, la lectura con tanto –os/-as, ¿acaso no se han enterado de que el género masculino es el no marcado y usándolo se incluye tanto al hombre como a la mujer? ¿Por qué pierden el tiempo intentando cambiar la lengua en vez de intentar cambiar la sociedad? No puedo menos que sorprenderme ante la insistencia de determinados sectores feministas en culpar a nuestro idioma. Sí, es cierto, prevalece el masculino sobre el femenino, ¿y?, la historia está ahí y no se puede, ni se debe, olvidar el pasado; es obvio que el papel del hombre preponderaba sobre el de la mujer y esto, evidentemente, se ha reflejado en nuestra lengua. ¿Vamos a conseguir algo luchando contra el pasado? Está claro que sí. Conseguimos desentendernos del presente y de las consecuencias que esto traerá en el futuro; conseguimos la incongruencia de noticias de espontáneas mujeres semidesnudas que reclaman el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo (utilizando éste como objeto, respetando la tradición machista); conseguimos sacar en portada a equipos deportivos integrados por mujeres cuando ganan medallas, mientras los ignoramos durante toda la temporada; conseguimos que se nos siga mirando mal en el puesto de trabajo si nos quedamos embarazadas y que nos mire mal la sociedad si decidimos no ser madres, y así una larga lista de irónicos logros. En fin, que la lengua se apiade de “nosotros/-as” y concluya este esperpéntico drama gramatical.

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