lunes, 6 de abril de 2015

Etiquetando la integración

Soy maestra de educación infantil y ya son muchos los años que han pasado desde que hice la carrera, una carrera que me dejó más decepciones que aprendizajes útiles, curiosamente lo mismo que me ha pasado con nuestro sistema educativo. A diario me enfrento a diversas realidades, tantas como alumnos tengo, por lo que no puedo evitar que se me dibuje una sonrisa irónica ante ese absurdo afán por poner etiquetas a algunos alumnos (TDH, asperger, autista…), ¿acaso no somos todos diferentes?, ¿acaso no tenemos todos los mismos derechos?, parece ser que no. 
Mi mayor frustración profesional llegó de la mano de un alumno. Durante el curso que estuvo conmigo estaba pendiente de ser “etiquetado”, tras varios informes y algunos años creo que ya lo han hecho, aunque he de reconocer que yo ya me había tomado la licencia de ponerle mi propia etiqueta, y es que, sin lugar a dudas,  ha sido un auténtico “AI” (alumno inolvidable)*. Hablo de frustración porque no me sentía capacitada para darle lo que él necesitaba, sentía que lo que por fin nos funcionaba, tras diversos intentos en un mes, alguien especializado podía dárselo desde el primer día, y si asumir tu incapacidad es duro, creer que puedes perjudicar a un alumno lo es mucho más. Reconozco que fue un curso muy duro pero también el más gratificante.
Tenemos un sistema educativo (y una sociedad) que tiene serios problemas a la hora de integrar, y ni siquiera se da cuenta de que ése no es el camino; la cuestión  no es integrar, es incluir. No se trata de disfrazar las limitaciones de cada uno, las diferencias existen, hay que aceptarlas y respetarlas, concienciarse de que todos somos diferentes y aprender a convivir juntos. Si un alumno con su reluciente etiqueta de “asperger” tiene problemas de socialización, ¿qué solucionamos sacándolo del aula en la que debe relacionarse con sus compañeros para llevarlo con un especialista en un ambiente poco real?, ¿no sería más útil que el especialista estuviera en el aula del alumno, donde éste se desenvuelve a diario con sus compañeros? Sí, sería más útil, pero también más caro, dicho esto, dicho todo.
Exigimos una enseñanza individualizada pero la realidad es que sigue siendo la misma de siempre, “el que lo entienda bien y el que no…” Obviamente atender las necesidades y ritmos de aprendizaje de cada alumno no es tarea fácil para el maestro, pero tampoco lo es una operación a corazón abierto. A buen entendedor, sobran etiquetas…

“AI” (alumno inolvidable)* Perdón por la cursilería, pero ese pequeño me robó el corazón.