Está claro que la letra con sangre no entra, pero sin codos tampoco. Vivimos en una sociedad en la que se ha pasado de un extremo a otro, los colegios se han llenado de alumnos con una nula capacidad de frustración, los premios a los mejores, en lo que sea, están mal vistos, ¿cómo vas a dejar a un alumno sin premio?, no importa si es al mejor dibujo y el niño sólo dibuja círculos abstractos, ¡no puedes causarle un trauma!, así que premio por ¡tener el lápiz afilado! Y así con todo. Su mundo es irreal y eso solo puede conducir a un único sitio, al fracaso.
Día tras día me encuentro con alumnos que sufren cuando algo no les sale bien, como si el mundo se fuera a derrumbar a sus pies, frente a alumnos que no se esfuerzan lo más mínimo, mostrando por bandera su encogimiento de hombros. Creo que tanto unos como otros vienen del hecho anterior, los primeros porque no son capaces de asumir sus errores, probablemente porque de alguna forma se les ha reforzado su “perfección” más que su simple condición de niños, ignorando que de de esos errores es de dónde sacarán los mayores aprendizajes a lo largo de sus vidas, y los segundos porque disfrutan de una enfermiza sobreprotección, para ellos da igual los que les puedas decir porque saben que será algo transitorio, que al final de sus jornadas llegarán los papis a premiarles por su …, bueno, a premiarles, que no se me ocurre ningún motivo. Esos mismos padres que después les amenazarán con el profesor porque a ellos no les hacen caso (cuántas veces habré escuchado eso de “mira que se lo digo a la seño”), ¿cómo quieren tener autoridad así?, los profesores van y vienen, los padres se supone que no, son ellos los que deben ser la máxima figura de autoridad y no el profesor de turno. Y claro, si no respetan a sus padres (porque ellos no se han hecho respetar), cómo van a mostrar respeto por nadie más.
En la escuela se han ido delegando responsabilidades que corresponde a la familia y sospecho que de tanto delegar, finalmente, esos padres van a quedar relegados. Han convertido a sus niños en auténticos expertos del chantaje; bien por no escucharlos, bien porque piensan que así serán más felices, o bien porque se sienten culpables de no dedicarles todo el tiempo que se merecen, dejan que siempre se salgan con la suya y demuestran quién manda en casa.
Pero, a pesar de mi predilección por el drama frente a la comedia, he de decir que éstos no son la mayoría de los casos, pero sí que cada vez son más abundantes, y sólo en nuestras manos está poder cambiarlo, porque al final los niños son eso, niños, y los lunes cuando llegan al cole lo que sigue iluminando el mayor número de miradas en la asamblea es hablar de los momentos que han compartido con sus padres. Hay cosas que no deberían cambiar nunca. Espero que ésta sea una de ellas.